El truco de la cuerda india es algo que desconcierta desde hace siglos. Un faquir (santo) que toca una melodía en una flauta de madera e inmediatamente una cuerda va subiendo hacia el cielo y un ayudante trepa por ella. ¿Qué explicación podría darse en un caso así?
El más famoso relato sobre la cuerda india es el del viajero árabe Ibn Battuta quién aseguró haber visto el truco en Hangzhou, China, en 1346. También se tiene alusión a un mago nómada que vio el mismo número en Magdeburgo, Alemania, en 1566; sin embargo, hasta la llegada de los ingleses a la India el truco de la cuerda no cobró gran importancia. Más tarde, hacia 1907, el ilusionista británico J.N.Maskelyne y algunos de sus colegas ofrecieron 5.000 libras a quien pudiese realizar el truco exitosamente.
No obstante, nunca se otorgó el premio y el 15 de enero de 1919 se publicó en el Daily Mail una carta del teniente F.W. Holmes, del Regimiento Yorkshire, en el que aseguraba haber visto el truco dos años antes en Kirkee (ahora Khadki), cerca de Poona e incluso mostró fotografías para apoyar su testimonio.
Algunos piensan que el faquir lleva a su público a un trance hipnótico mientras suena su melodía a través de su flauta y que así consigue realizar sus acciones. Por lo que los asistentes ven lo que les muestra, de forma hipnótica, el faquir y no lo que pasa de verdad. La cuerda cae en el canasto, pero ellos ven que se extiende hacia lo alto. Según otra teoría, un ayudante oculto alza la cuerda con la ayuda de un hilo delgado, que se vuelve invisible con los rayos de luces, al atardecer y contra los fondos oscuros.
La explicación del teniente comandante Rupert T. Gould, publicada en The Stargazer Talks, en 1944, parece más verosímil. Se apoya en la teoría de Maskelyne: la cuerda, que parece rígida, no es más que una serie de pequeños eslabones intercomunicados. Una vez la supuesta cuerda está alzada, las pequeñas piezas se vuelven rígidas, capaces para soportar el peso de un niño o alguien delgado. Por lo que separada en segmentos, la cuerda parece ser flexible y así queda completada la ilusión del faquir.