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martes, 28 de febrero de 2012

Un itzcuintlipotzotli.

En 1780, Francisco Javier Clavijero, sacerdote mexicano, publicó Historia antigua de México, donde describía un itzcuintlipotzotli de la región tarasca de Michoacán. La ilustración que acompañaba el texto mostraba un animal grotesco semejante a un perro del tamaño de un terrier, con cola corta, una cabecita parecida a la del lobo, prácticamente sin cuello, con extraña nariz bulbosa, piel casi lampiña y, los más extraordinario de todo, una pronunciada joroba que se extendía desde el lomo hasta las ancas.
Algunos investigadores se niegan a creer que este Cuasimodo canino fuera un perro y señalan que más bien podría haber sido una especie de roedor similar al cerdo de Guinea. Esto nunca se sabrá, pues el animal ya se extinguió. El último informe de un itzcuintlipotzotli parece ser el de la vida en México, de la señora de Calderón de la Barca, de 1843. Ella dice que vio un ejemplar muerto de este animal en una posada del valle de la Ciudad de México. Fue criado por sus dueños, pero lo mataron porque se volvió muy fiero. Así se perdió en la oscuridad la criatura que muy bien pudo ser una de las bestias misteriosas más feas del mundo.