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miércoles, 18 de mayo de 2011

Sensibilidad psicométrica.



Los psíquicos que prometen resolver un crimen al tocar una prenda de la víctima se remontan al origen de un descubrimiento accidental de Joseph Rodes Buchanan. Éste era un entusiasta estudiante de frenología, la supuesta "ciencia" que determina el carácter a partir de las protuberancias y los contornos cerebrales. En 1841, el estudiante estadounidense conoció a su paciente más inusitado, el obispo Leonidas Polk.

Polk aseguraba que aun estando en completa oscuridad podía detectar el bronce solamente por el extraño sabor que sentía en la boca. El obispo tenía una pronunciada protuberancia o prominencia en la cabeza, en el área de la sensibilidad. Esto intrigó a Buchanan. Dirigió experimentos empleando a estudiantes con la mismas características craneanas de Polk. Envolvió varios metales en papel para que los identificaran, y descubrió que muchos distinguían entre bronce, hierro y grafito con sólo tocarlos.

Ahondado más en esta peculiar facultad, a la que llamó "psicometría" o "medición del alma", descubrió que sus alumnos también podían identificar sustancias no metálicas, como sal, azúcar y pimienta. Buchanan atribuyó este don a una especie de sensibilidad extrema o "aura nerviosa" de las yemas de los dedos.

Algunos investigadores posteriores, como el doctor Gustav Pagenstecher, aseguraron que la psicometría iba más allá de los cinco sentidos conocidos. Cuando algunos psíquicos o personas sensibles tocaban cosas, solían relatar impresiones que recordaban el origen de los objetos.

Tras la Primera Guerra Mundial, Pagenstecher hizo experimentos con María Reyes de Zierold en la Ciudad de México. Al tocar un meteorito ella exclamó: "¡Estoy horrorizada! ¡Dios mío!", y describió la sensación de caer en el espacio.