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jueves, 14 de abril de 2011

Cazadores fantasmales...

Las leyendas de varios países europeos hablan de grupos de jinetes y perros salvajes conocidos como The Wild Haunt. Este espectáculo fantasmal advertía sobre los conflictos terrenos o inspiraba temor por el más allá.

En una relación de acontecimientos conocida como Anglo-Saxon Chronicle, un monje inglés de la abadía de Peterborough escribió en 1127 que "muchos hombres vieron y escucharon a una multitud de cazadores cazando. Los cazadores eran negros, con ojos grandes... y montaban caballos negros... y los monjes escucharon los cuernos que tocaron por la noche". Según el cronista, el presagio advirtió sobre la avaricia destructora de un nuevo abad en Peterbarough.
Ésta fue la primera aparición registrada en Gran bretaña de lo que se conoce como The Wild Haunt (partida de caza dirigida por almas). Se han visto u oído jaurías espectrales en las islas británicas y se les llama "sabuesos de Gabriel", "gabble retchets", "sabuesos del páramo", "sabuesos Wisht" y el "Cwm Annwn" o "sabuesos del infierno". Se relacionan con las apariciones de perros negros en algunas zonas del país. Los perros de "ojos grandes" de Peterborourgh, por ejemplo, se asemejan a Shuck, un perro negro de ojos fieros y grandes como platos, que se dice ronda la costa de Norfolk.
Cuando se escuchaba pasar a los sabuesos en noches nubladas, se creían que eran heraldos de la fatalidad. Cualquiera que los escuchara, se tiraba boca abajo en el suelo para evitar ver a estos seres asociados con los muertos desasosegados, las almas condenadas o las almas perdidas en el limbo. En Gran Bretaña y en Alemania se pensaba que la partida incluía las almas de las criaturas no bautizadas, y en Francia se decía que los dirigía el rey Herodes que perseguía a Santos Inocentes (los niños de Belén que Herodes ordenó exterminar en un intento de matar al niño Jesús). Otra versión alemana y de los países escandinavos dice que a veces el cabecilla del grupo era Woden (Odín) el dios de los muertos. Por ser el recolector de las almas paganas, en la Edad Media cristiana se le comparó don el demonio.
Hacia 1190, Walter Map, historiador y poeta galés, escribió sobre "compañías nocturnas " conocidas como "la familia de Herlethingus" y dirigidas por el rey Herla, supuesto antiguo monarca británico . Map dice: "Eran tropas que vagaban eternamente... y entre ellas se vio a muchas personas vivas, las cuales se sabía que habían muerto." Otros reyes antiguos, reales o imaginarios, también dirigieron la cacería. Hacia 1200 se le conocía como "la familia de Arturo" y en el folclor francés, como "la cacería de Arturo". Con cualquier nombre, fue un espectro aterrador, explotado por los clérigos medievales y luego por los puritanos para difundir el temor al infierno y al Juicio Final. Como consecuencia, en la Inglaterra del siglo XIX el líder, si no era el mismo diablo, era por lo general algún villano condenado junto con sus perros aulladores a un eterno peregrinaje fantasmal.

jueves, 17 de febrero de 2011

Po y hun de los manchúes.


Peinarse con coleta y afeitarse la parte frontal de la cabeza era algo obligatorio en la China manchú, bajo pena de muerte. El pánico se extendió cuando algunos cortaron las coletas para robar las almas.

De acuerdo con el pensamiento tradicional chino, el alma humana tiene una existencia precaria y es vulnerable al robo y a la pérdida. Se piensa que cada persona tiene dos almas: po, que rige funciones físicas, y hun, que gobierna la mente y el corazón. El alma hun puede apartarse del cuerpo en ocasiones, por lo general cuando una persona duerme o está en un estado hipnótico. Si no puede regresar al cuerpo, la persona enferma, enloquece o muere. Los demonios o los espectros pueden apoderarse del alma hum errante y extraerle su esencial vital. Los seres humanos malvados también pueden robar el alma, casi siempre mediante la magia o los hechizos o recortando figuras humanas de papel llamadas maniquíes.

En 1768, una oleada de robos de almas se extendió por el centro de China. Los pordioseros y los monjes eran acusados de cortar el cabello de las coletas de los hombres para insuflar sus almas a los maniquíes. Los hombres enfermaban y morían mientras los maniquíes cobraban vida al ser rociados con la sangre humana; después se dedicaban a robar a otros sus posesiones. En la provincia de Zhejiang un hombre intentó robar las almas de sus dos sobrinos. Escribió sus nombres en unos pedazos de papel y pidió a un trabajador que los clavara en los pilotes de un puente que estaba siendo reparado, pero el trabajador lo denunció y el hombre recibió 25 azotes por intentar robar almas.

Seis años antes de este incidente, según testimonios chinos de la época, un monje mendicante fue condenado por hechicería, al robar almas cerca de Nanjing. Sesenta años antes, se decía que 11 niñas de corta edad habían muerto en Zhejiang cuando les fue chupada su esencia corporal vital. Las autoridades culparon a un hombre de 70 años de edad y lo sentenciaron a muerte, rebanándolo lentamente.

Los pordioseros y los monjes fueron exculpados finalmente del delito de robar almas. Sin embargo, ni esto pudo acallar el viejo temor que latía en los corazones de la gente.